Sierra de la Ventana

Como es mi costumbre, suelo olvidarme rápido de mis crónicas viajeras así que, esta vez, antes de hacer nada del sinfín de objetivos que me pongo en las vacaciones, vengo a comentarles los trucos ahorrativos de mi pequeña escapada a este pueblecito.

Primero, déjenme decirles que el viaje a Sierra de la Ventana no es para cualquiera. Es decir, el lugar es increíble y, lo que es yo, volví bastante enamorada peeero, si aman las playas, el comfort de cinco estrellas y las caipirinhias con hielo, quizás no sea este su destino. Ahora bien, si son más austeros y aventureros (como quien escribe), ni lo duden.

Lugares que no pueden faltar en tu viaje:

Panaderia Cumelén
Sobre la ruta principal hay una infinidad de panaderías. Con esto quiero decir que, como en CABA hay un kiosco por esquina, en Sierra hay una panadería por cuadra. Las hay para todos los gustos y paladares pero, para el mío, esta ganó. Facturitas de lujo a 4 pesitos cada una, y unos sacrametnos de membrillo con un membrillo portentoso y pesado (nada de sea miseria líquida a la que nos tienen acostumbrados). El punto justo de dorado (bien blanquitas), con almíbar pero no por eso ínfimas como las del Abuelo.

Parrilla Don Roberto
Mucho más escondida que la panadería de recién, está este bodegón increíble con unos tremendos sorrentinos para deleitarse en una noche fresquita. Unos precios gangosos y la falta de tumulto acompañan el lugar. Una joyita.

Gondwana
Cuando fui me dijeron que “no había helado bueno en Sierra”. Al principio, a pesar de que hay casi tantas heladerías como panaderías, lo creí. Fue en mi tercer día donde no pude resistirme más a la terrible tentación y fui hacia Gondwana (también sobre la ruta principal). Una franquicia de helados Lomoro que, si bien puedo aceptar que no es ni Persicco ni benemérito Nicolo, está muy bien. Sobretodo si tenemos en cuenta que le kilo estaba 85pe y, tenían un super cucurucho (con las puntas bañadas en chocolate y pedacitos de maní) que venían por la escueta suma de $30. Repetí la visita tres veces en mi semana allí.

Carnicería
También sobre la ruta principal (la 72), pasando la rotonda que indica que es el epicentro pueblerino, hay una carnicería que podemos juzgar como buena, bonita y bastanete barata. Nunca tienen milanesas de pollo, pero los precios y la refrigeración están acordes a los estándares que nos gusta tener así que, ya sea que quieran hacer hamburguesas caseras o que se dispongan para hacer un asado de despedida, este localcito es una visita obligada.

Alfajores para regalos
Bueno, también para comerlos durante la estadía. Están los conocidos Sozzani, que son bastante caritos. Pero, frente a la mismísima, está el localcito de Mulquidu. Un local, como siempre, sobre la ruta 72, que venden alfajores a un no-tan-módico precio, pero valen fuertemente cada peso que salen. Los hay de sabores clásicos (chocolate, dulce de leche, etc) y los premium (uvas al rhum, café y demás). Una delicia que lamentamos que no se encuentre en capital.

Sobre los paseos
Por supuesto, una semana en Sierra de la Ventana no alcanza para hacer todas las aventuras que el pueblo ofrece. Cabe decir que, subir la Sierra ahora se puede hacer únicamente con guía (ergo, les recomiendo juntarse un grupo de amigos para ir y no tener que aunarse con otro grupo de gente que podría no caerles bien o, aún peor, quizás van con niños!) pero tienen el cerro Bahía Blanca, el sendero de los piletones (que son chiquitos y gélidos – no valen tanto la pena) y otros atractivos varios para ver. También pueden alquilar una bicicleta por el día y hacer unos 35km de puro cicloturismo de aventura, sin prácticamente cruzarse con un alma humana (ojo, que las bicis son bien cachuzas, así que hay que tener ganas en serio para hacerlo). Amén de esto, lo que sí puedo asegurarles es que, tanto en los senderos más exigentes como en los más pachorros (como el sendero claro-oscuro que es un paseíto para la tercera edad) van a encontrar los llamados “paraísos” (lugares sacados de libros increíbles) por doquier!