La sal de la vida

En estos días llenos de lluvia y humedad, te dejaste el salero abierto un segundo y fuiste, perdiste. Tu sal rica en sodio pasó a ser algo parecido a sal marina (pero antes de ser procesada y seca): un menjunje blanco sin gracia.

Pero no desesperar… aprovechá el frío, hacete unas ricas papas al horno y, mientras se cocinar, poné el salero abierto arriba del horno y esperá la magia. Sal sequita y fresquita como nueva, cortesía del calor que sale del horno. Encima te queda lista para salar esas papitas riquísimas y comértelas en un tris.