(fake) Kara Ague

Ayer arranqué (en un bonito y pequeño lugar) un curso de cocina japonesa. Razones para anotarse (en mi vida) no faltaban y, si bien no vamos a profundizar ahí (a nadie le interesa) paso a informar que pretendo hacer de este blog una especie de “cuaderno de notas” para las recetas que considero que no quiera olvidar. Hoy nos toca Kara Ague (es decir, pollo frito pero al estilo nipón, porque somos hipsters y cancheros).

Los ingredientes (para una porción):
– pollo (puede ser media pechuga o algunas alitas)
– medio diente de ajo
– un poquito más de jengibre que de ajo
– un tercio de taza de mirín (que pueden reemplazar por vino blanco dulce de tetra y azúcar – puaj! -)
– un cuarto de taza de salsa de soja
– una delicada cucharadita de ajinomoto
– maicena

Y el proceder es tan sencillo como mezclar el ajo, el jengibre, la salsa de soja, el mirín y la cucharadita de ajinomoto en un recipiente. Luego colocar el pollo (previamente cortado en tamaño “de un bocado”) en el menjunje y dejar marinar una hora. Hecho esto, se empana en maicena (al mejor estilo escalopes, sin huevo ni nada) y se mete en aceite hirviendo. Dejamos freir nuestras delicias por unos 15 minutos y vualá, manjar exquisito.

Ahora bien, yo a Jorge (el profesor/sensei) le expliqué muy bien que en mi casa no se fríe no un huevo (es carísimo, deja la cocina hecha un chiquero y, encima, después tenés que ver cómo tirás todo ese aceite sin arruinar el 30% del agua del mundo). Así que se lo advertí y, a pesar de su cara de “sacrílega irrespetuosa”, cuando llegué a casa cociné mis pedacitos de pollo en un wok con un fondito de aceite. Obviamente no resultó ese el dorado ideal, con crocantez dionisíaca, peeero déjenme decirles que el resultado estuvo muy más que bien, gasté un 1% de aciete, no ensucié nada y mis sentidos la pasarom bomba.