Esponjas Reloaded

Una de las cosas en las que yo invierto (a la hora de invertir en comodities) es en esponjas. Mi preferida es la “Nueva Virulana Fuerte” (una esponja sospechosamente barata, que cumple con lo prometido en cuanto a limpieza y es muy rendidora). Suelo comprarlas cuando el Carrefour tiene las ofertas de “producto de limpieza al 70% de descuento en la segunda unidad” y, cuando las voy a usar, las corto al medio (me resulta muy grande e incómoda para lavar bien).

Bueno, hasta ahí mi nota personal. Pueden o no seguir mi ejemplo, eso va en gustos. Lo que sí vengo a aconsejarles (muy seriamente) es que tengan siempre esponjas en el back up en la cocina para no rezagarse con su renovación. A primera vista uno pensaría “mientras más uso una esponja, más amortizo su gasto” pero esos, señoras y señores, en este caso, es falso.

A saber:
– una esponja cuesta entre $3 y $6 (depende de la marca, el lugar donde la compren, etc)
– si encima es grande (como la que yo uso) y la cortan a la mitad, pueden dividir ese valor por dos y tener esponja fresca por más tiempo
– el litro de detergente está carísimo (depende ampliamente de la marca, por supuesto, pero si compran Magistral, Cif o cualquier otro de primera marca no van a poder evitar darme la razón)
– una esponja fresca aprovecha abismalmente más y mejor las gotas de detergente (o sea, con una gotita pueden limpiar unos cinco platos cómodamente. No sucede lo mismo con las esponjas viejas)
– una esponja fresca cumple con la vieja promesa de “guardamos el detergente adentro hasta que lo vuelvas a necesitar”. No digo que lo cumplan SUPER bien, pero lo cumplen… y eso suma porotos

Cabe aclarar que las esponjas tienen su climax de utilización después de haber sido usadas tres o cuatro veces. Al principio están duras, como reacias al trabajo que les toca, pero cuando una las amolda… ¡Ay! ¡Esa vieja tortura de lavar los platos con esponjas babosas y sin cuerpo se convierte en un placer de eliminar la suciedad con una caricia hacia la vajilla!