El Galpón

En el corazón de la Capital Federal (ahora llamada Ciudad Autónoma de Buenos Aires), a pasos de la estación de tren (y paradas de incontables colectivos), encontramos el marcado El Galpón: meca central de todo consumidor de productos orgánicos (señora ama de casa, si todavía no los conoce, sepa que los productos orgánicos son la última moda en vegetales para la cocina).

Sinceramente, tengo que confesar que la tierra prometida decepcionó un poco mis expectativas. Para empezar, el galón no es tan gigantezco como me lo imaginaba, sino que solo cuenta con algunos stands para comprar productos orgánicos (frutas y verduras, lácteos, dulces, etc). Unos 20, aproximadamente.

En cuanto a la oferta, tampoco es grandiosa. Acá paso el detalle:

– Quesos y Fiambres: estaban bien. Una verdadera ganga orgánica (incluso comparado a los no-orgánicos), pero no sentí un éxtasis oral (causado por un sabor totalmente natural, obviamente) cuando comí ese pedacito de provolone.

– Verdulería: lógicamente no tenían un sinfín de verduras, pero estaban muy caras. Los precios de La Huerta a tu Mesa, me parecen mucho más lógicos! (gracias B. por el dato!).

– Lácteos: había un puesto de lácteos (quesos crema, yogur, leche). Sinceramente, el yogur que vendían era igualito al que podés hacer con la receta de yogur casero y el resto no movía ningún piso

– Productos varios: hay también puestitos de varios productos (dulces, cosas con frutos secos, etc.). No probé nada, pero tengo que decir que me gusta la iniciativa de reutilizar los frascos y venderlos :).

– Restaurant: el lugar cuenta con uno (o dos) restaurants. La verdad no me quedó claro si eran o no la misma cosa… adentro estaban los precios de los menús que, sinceramente, me parecieron carísimos (y encima decía “con pancito casero” y yo vi las paneras y eran tres mini fetas de pan… muy triste!). Yo me quise ir a sentar afuera, así que me acerqué a uno de los chicos que estaba en la parrilla y le pedí una carta (una tiene que saber qué menú y precios hay!) y me dijo que me sentara y que después venía y me decía lo que “quedaba” en la parrilla (eran las 13.30hs de un sábado, me pareció un poco temprano para ganarme las sobras)… Obviamente no me senté, ¿qué es eso de que me tengo que sentar y recién ahí me decís cuánto sale comer? Nono, me pareció un mala treta de tipo marketing y me fui ofendidísima a almorzar a mi casa.

En fin, resumiendo, si tuviera que darle un puntaje le daría 1 Harris y medio. La fiambrería está bien y el mercado en sí suma puntos por no enriquecer los bolsillos (ya muy gorditos) de Monsanto y fomentar la agricultura cuidada.