El blog en Instagram

Parece ser que todo este tiempo me estuve perdiendo de quid de la comunicación online, del (nuevo) santo grial de las redes sociales, del Edén prometido de la difusión de contenidos: Instagram (esa aplicación que le da, a toda ocasión,un halo de europeización hipster-o-canchera).

Lo instalé el domingo (por recomendación final de mi amiga A. pero sabe Dios que hace mucho estaba en la punta de mi nariz y no me daba cuenta). Todavía estoy viendo cómo se usa (a pesar de que mi hermanita P. me ayudó a entender sus normas socio-culturales implícitas).

En estos poquitísimos días de uso (y con mi magia-no-muy-mágica en esto de la comunicación vía redes sociales), ya tengo una opinión bastante formada. A saber:
– aplausos maravillosos a quienes inventaron esos filtros. Hacen en 30 segundos lo que me tomaría unos 7 minutos hacer en Photoshop. Y, lo que es más importante, en esos 30 segundos convierten cualquier situación patética en un momento memorable, hipster y lleno de estilo
– no sé si a todos les pasa, pero mi celular no es lo que se dice veloz. Con esto quiero decir que, esas fotos que parecen “capturar el instante”, del otro lado de la cámara, tomaron unos 3 minutos en poder realizarse y, para serles sincera no tienen mucho de instantánea.
– no todo lo que brilla es oro: es maravilloso que las fotos tenga formato cuadrado. Es una magia espléndida: permite recortar todo aquella molestia/falta de glamour/irregularidad que una quiera evitar de su realidad cotidiana.

No quiero extenderme mucho más. Solo me queda concluir que, de ahora en más, yo también voy a ser parte de esta generación que, no importa dónde, cuándo o cómo esté haciendo algo, siempre va a parecer que es glamoroso, canchero y hipster.

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