Cuquis

En nuestra cultura hay muchos tabús. Tenemos todo ese textito que nos regaló Freud y que el incesto, y el sexo y demás (ideal para generar culpa y neurosis). También tenemos el tema ese de la plata (el dinero), muy delicado para algunos… Pero acá vamos a hablar de algo complicado en serio: las cucarachas; y no las cucarachas en abstracto, ni “qué horror las cucarachas” ni “cómo puede ser que hayan tantas cucarachas en verano” sino que, voy a decir (escribir) sin pelos en la lengua (los dedos) que en mi casa hay cucarachas. Sí, yo sé, queda mal decirlo. Todos podemos decir cosas sobre ellas, pero asumir que las tenemos, eso ya es otro tema.

El inicio. Un día apareció una. En la cocina. Me asusté (grito en el cielo). La maté. A la semana otra. Y así, una vez por semana, cada 10 días, aparecía una infeliz. Pasadas unas 3 semanas de esta periodicidad espantosa decidí hacerme cargo del tema: en mi casa había cucarachas. Mi casa, santuario sagrado, impenetrable, había sido penetrado y violado (nótese que las palabras fueron cuidadosamente seleccionadas). Y no fue porque fuera dejada, ni una mugrienta asquerosa, sencillamente algo se me pasó. No llegué a matar a alguna, no sé. Pero se me pasó y ahí estaban.

El comabte (parte 1). Antes de atacar a un enemigo tan fuerte y desagradable, lo importante era ponerle un nombre que lo hiciera vulterable. Así que la instante surgió “cuquis” (y no me digan que no suena atrozmente menos apocalíptico que “cu-ca-ra-chas”). A partir del sábado pasado a la noche me dediqué a combatir las (ahora familiarizadas) cuquis. Primero que nada fue correr la heladera y el lavarropas (lugares que hace dos años, por razones obvias, no sufrían mucha movilización). Por suerte (y como siempre aconsejo) a mí me gusta invertir en comodities así que, entre otros productos no perecederos, en mi casa habían 4 Raids en spray listos para ser usados… Corrí los electrodomésticos con un Raid en cada mano (cual Cuck Norris en el Oeste) y rocié todas las superficies. Incluso invente un “filtro de rejilla” para la rejilla que tengo abajo del lavarropas (no fuera a ser que entraran por ahí). Revisé también mis dos canastos (plásticos) donde guardo algunas cajas de comida, frascos y alguna que otra cosita. Vi (y asesiné sin piedad) alguna que otra cuqui, pero nada más. Ningún nido fue avistado. Me fui a dormir en (falsa) tranquilidad.

El combate (parte 2). El lunes C. me dijo “para mí están en el cajón de limpieza”. ¿De limpieza? Muchachos, no estamos hablando de cualquier cajón de limpieza… sino de un cajón que tiene detergente, jabón de lavarropas, desinfectante de piso y, sobretodo, mis repuestos de Raid y espirales. No solo no tiene un poro donde acogerlas, sino que encima estarían durmiendo con el enemigo. Removí todo. ¡Era ahí, ahí mismo que estaban! ¿Es que acaso se saben inmortales las muy hijas de puta? Dos mayores y unas ínfimas que deambulaban a toda velocidad en busca de un nuevo y oscuro escondite. Raid en mano nuevamente. Fshhh, fshhh. Muerte por doquier en la cocina. El piso empapado. Lola (mi micro perrita de 9 años) encerrada en el cuarto para no intoxicarla. Los cajones de limpieza y comida, todos en el balcón. Muéranse de frío. Adrenalina pura.
Acto seguido, vaciar las alacenas inferiores y los cajones. Todo al piso. De nuevo revisar los canastos de comida (ahora sí, un par de cuqui-bebés andaban por ahí). Fshh, fshh. Piso lleno de Raid. Muerte instantánea. Ahora sí, no hay cuquis a la vista. Es la 1.30m. Me voy a dormir. Intermitentemente en la noche, me despierto y voy a ver. Encuentro dos pequeñas. Las mato. Nada más.

El compate (parte 3). Ya pasaron dos días desde la última cuqui avistada. Mis alacenas inferiores están vacías. Revisé todas las superiores (vajilla, comida, etc, etc). Ni una. Se ve que o tienen vértigo o sencillamente son vagas (encima eso, se dan el lujo de ser holgazanas). Por el momento mi living sigue invadido de mi comida, la comida de Lola y algún utensilio de cocina (para una fácil revisación) pero parece que las desgraciadas ya sintieron que era mucho mejor anidar en la casa de mi vecina Alba (quien las merece mucho más que yo por razones que no discutiremos ahora). Yo, por mi parte, estoy usando lo mínimo indispensable la cocina, limpiando todo y dejando la mesada reluciente cada vez que me acerco.

Conclusión: Después de varios días de no ver cuquis en la cocina, vi dos en le living. Las maté (no hizo falta ni el Raid, zapatilla en mano y Zas, muerte). Decidí que era momento de reorganizar todo, volver a limpiar, poner en los canastos y empezar a reducir el despelote. Eso hice. Limpié todo con agua y lavandina. Dejé secar y orear fuertemente en el balcón todo un día. Ayer (sábado) arrancó el nuevo orden conocido. Reorganicé el living, volví a la cocina lo que a la cocina pertencía y tiré pilas ypilas de papel. Alegría infinita. ¡Ni una cuqui! Ni viva, ni muerta. No quedaban ni los ratros de las muy desgraciadas. Por fin, a lo de Alba se habrán ido. Paz y tranquilidad a la hora de dormir y una nueva decoración del hogar fueron las grnades consecuiencias de esta guerra titánica.Todo fue cuestión de sangre, sudor y Raid.

Terminada la lucha, entonces, paso a resumir todo lo que aprendí sobre este dificilísimo enemigo:
– No le tienen miedo a nada. No hay que confiarse, hay que revisar todo.
– Nunca se puede tener demasiados Raids en el hogar
– En el Easy venden rejillas adhesivas para poner por debajo de la rejilla del piso (mucho mejor que mi invento, me hubiera gustado saberlo antes de correr el lavarropas)
– No está de más comprar esas rejillitas que van arriba de los desagües de la bacha de la cocina. No solo nos protegen de las cuquis sino que encima ayudan a que no se tapen los caños con las basuritas y salen muy baratas
– Me comentaron (no lo comprobé pero sí puse en práctica) que las hojas de laurel secas las espantan. Ya instalé ramitos abajo de los cajones donde estaban y otros lugares polémicos
– (y por último pero más importante) Derribé el mito: se puede echar a las cucarachas de la casa de una. Eso sí, no hay que dejarse estar porque cada día, es exponencialmente peor