Cuotas en cuotas

El otro día, charlando con L. tuve una revelación al respecto de las cuentas bancarias y tarjetas de crédito: la gente cree que las cuentas del banco son la media naranja de las tarjetas de crédito que, por una suerte de injusticia kármica, lograron encontrarse y vivirán juntas y felices por toda la eterniandad. Habiendo notado este detalle, no pude más que venirme a la computadora a gritarle al mundo (en este humilde blog de apenas más de 700 seguidores) que este no es, señoras y señores, una unión irrompible que solo Dios pueda desunir.

Para empezar, si sos un sencillo y pisoteable monotributista (como quien les escribe), cuando vayas al banco ni siquiera te van a oferecer la oportunidad de tener una tarjeta de crédito. Así que, de movida, esa entidad monstruosa y kafkiana se encarga de disolver el vínculo de oro y esto lo sé muy bien porque es lo que me pasó a mí (que, por supuesto, tengo todos mis pagos al día, no?). El día en que recibí mi primer rechazo bancario intenté ir con otro banco (que por supuesto también me rebotó) pero, como dice el Dalai Lama “a veces no obtener lo que uno quiere es un golpe de suerte maravilloso”. Es una lástima que esta frase la leí hace días y este incidente sucedió hace unos 4 o 5 años ya.

En fin, lo que descubrí frente a semejante fracaso y ninguneo es que lo importante de tener una cuenta en el banco es:
1) no tner que ir al LentiPago (disculpenme si alguien piensa que Rapipago es rápido)
2) poder recibir (de regalo) un 5% del IVA en cualquier compra supermercadil de hasta $1000.
En fin, todo una pequeña porción de paraíso (si me preguntan a mí) que no incluye ni cuotas ni tarjeta de crédito.

Ojo, no me malinterpreten. Mi odio hacia los bancos es el mismo que tenemos todos los que usamos nuestro poco aceitado cerebro para pensar en algo dos veces al mes. Lo que pasa es que tengo muy en claro que a todos nuestros enemigos hay que usarlos donde no se enteren para sacar el mayor provecho así que, mientras deposito mi plata en sus arcas ultra-millonarias, uso sus beneficios para que mi insignificante y humilde vida pueda desperdiciarse en ver series en vez de en hacer trámites aburridísimos.

¿Y la tarjeta de crédito? Bueno, esa que se la quede el banco (que después de un año de disfrutar gratuitamente sus beneficios y constatar que siempre tenía algunas monedas en mi cuenta no paraba de ofrecérmela). Yo, la verdad, no creo en eso de las cuotas… y no es que sea idiota, porque seré ama de casa pero no boluda. Entiendo (como entiende cualquier ama de casa) que la economía de nustro país tiene alta inflación y entiendo el principio APB (a prueba de boludos) que establece que, si hay inflación, $100 valen más hoy que en un mes (omito los detalles exactos de la depreciación de nuestra amada moneda porque, sencillamente, es casi imposible saberlo con exactitud y no quiero que me tilden de (anti) oficialista!). De hecho, cualquier sabe que de niñitos con $10 podías comprarte 200 FlynnPaff y hoy en día te comprás 20 (dejando de lado estadísticas del INDEC y privadas, esa cuenta nunca falla). En fin, eso lo entiende cualquiera pero, lo que yo pienso es que, estas arpías banqueras se agarran de nuestra inflación para hacernos comprar y gastar en cosas que verdaderamente no necesitamos y casi que parecería que te están haciendo un favor. ¿WTF?! Me explican ustedes a quién le sirven (realmente) esas cosas?

Ah! Y sí, no me hago la boluda con respecto a lo que te regalan y lo gratis que es tener tu propia tarjeta de Débito. Parece ser que no llegó a oídos de todos que, desde hace unos años, quienes nunca hayan tenido una cuenta/caja de ahorro pueden acercarse a cualquier banco de su agrado (son todos lo mismo, obvio) con su DNI y los mismísmos están obligados a abrir una caja de ahorro en pesos donde pueden tener, sin problema, hasta $10.000. O sea que, básicamente, te están pagando (a través del IVA) para tener tu cuenta corriente y poder pagar tu monotributo en pantuflas. ¿Qué más se le puede pedir a la vida?