Cómo resucitar un trapo amarillo

Yo no sé ustedes pero, para mí, el trapo amarillo es un mal necesario. Limpia todo con eficiencia (por lo menos al principio) es fácil de usar, maleable y, en comparación con el trapo rejilla, junta tantísima menos mugre… ¡Hasta tengo que decir que, nuevos, son un verdadero gol de media cancha en la limpieza de mi cocina!

El problema aparece cuando, después de una semana de uso, queda húmedo un buen rato (toda la noche por ejemplo). Y después… vuelve a pasar… y así… A la segunda, tercera o cuarta vez, chau, cagaste. El trapo parece más un alga del mar (toda viscosa) que una herramienta de limpieza (y ni siquiera quiero hablar del olor que empieza a tener).

Entonces no te queda más que empezar a odiarlo y sufrirlo. Día tras día, uso tras uso. No hay manera de que se vaya esa textura algosa y, si lo dejás secar, no solo no se arregla, sino que se convierte en un cartón amarillo. Esto sigue así hasta el día en que juntás valor, lo tirás y te comprás uno nuevo. Listo. Perdiste. El trapo ganó y logró jubilarse antes de tiempo (y eso quiere decir que vos tenés que gastar en un trapo nuevo y generar más basura).

Ahora, si sos un luchador, hay una solución al trapo-alga que creaste: lavandina ♥ jabón blanco. Es tan fácil como:

  1. agarrás tu trapo-alga y lo metés en remojo en lavandina (concentrada) + agua. Lo dejás así por un par de horas
  2. lo sacás y enjuagás (con CUIDADO de no mancharte)
  3. le pegás una lavada con jabón blanco

¡Charán! Trapo amarillo resucitado y listo para volver a funcionar.

De yapa: un videíto de noventoso.