Chau, chau, adióoos!

Se vino el calorcito y con él, además de los sensuales minishorts (en las chicas) y tentadores torsos al descubierto (en los chicos) se vienen algunas desgracias. Una de ellas es el mosquerío que se (me) hace en la cocina. Es decir: la cocina se me llena de moscas. La puedo tener limpita, sin platos sucios ni por dos horas y el piso bien barrido, pero ellas vienen igual. Es como si fuera un spa de frescura para estos días de calor agobiante o algo así…

En fin, para sacármelas de encima intenté con los dos medios tradicionales:
– pastillas Fuji (o similar). De esas que enchufás y no vienen los mosquitos (ok, reconozco que no decía nada de las moscas)
– dejar prendida una espiral

Les confieso que lo hice desoyendo a mi buen juicio porque, si me preguntan, no puede ser una gran idea tener un ahuyenta-moscas químico en el mismo lugar donde uno prepara su sagrada comida. Pero la desesperación tiene cara de hereje y ahí fui yo con mis mejores armas. Por supuesto y como siempre, no funcionaron.

Lo que sí funcionó fue la idea de C. quien, con audacia 2.0 googleó posibles soluciones hasta dar con la correcta: té de clavo de olor (o, mejor dicho, poner a hervir agua con clavo de olor y recorrer la cocina como cura exorcizador hasta que terminen de huir). La receta del éxito fue la siguiente:

  1. poner a hervir agua con algunos clavos de olor en su interior
  2. cuando esta esté hirviendo (humeando, cual tren a vapor, si se puede) dejar que invada la cocina
  3. una vez hecho esto, podemos agarrar el jarrón / la pava / donde sea que lo hayan puedo a hervir y, igual que el exorcista, van por toda la cocina tirando el humo en cada rincón que puedan

Las moscas huirán y, no lo duden, volverán. Son persistentes, tienen coraje y, a diferencia de los espíritus diabólicos, no parecen entender cuando se les cierra la puerta en la casa. La buena noticia es que esta cura milagrosa (nunca mejor usada la expresión) no toma más de 10 minutos y, mientras más la repitan, más tardan las moscas en volver a la cocina de la que fueron echadas.

Dicho esto, podéis ir en paz.

Amén.