Anatomía de una calabaza perfecta

Ante todo, voy a aclarar un asunto que a mí (personalmente) me viene hostigando desde hace años: qué es una calabaza y qué es un zapallo? El zapallo anco es zapallo anco o calabaza? Y el zapallo verde es una calabaza? Dejenme decirles que mis dudas se disiparon en un minuto y medio cuando entré a la RAE, busqué zapallo y leí la tranquilizadora segunda definición “calabaza comestible“.

Volviendo al tema del post, años de comprar malas calabazas algo me han enseñado, y eso es, a comprar una buena calabaza cuando la necesito. Acá va mi lista personal (en orden de importancia) para encontrar la calabaza perfecta (o la mejor calabaza posible).

  1. Consistencia: dura, durísima! Nada de esas calabazas que vienen con magullones o partes blandas (síntoma de golpe y/o putrfacción).
  2. Textura: tiene que ser lisa, suave como la seda. Descarto las que están cortadas, rotas o con cáscara con “cositas” (se ven a la vista y si les pasás la mano, también se sienten).
  3. Color: más bien anaranjadas son mejor, color cremita para ser exactos. Las muy pálidas no van tan tan bien.
  4. Tamaño: hay que saber que, si la calabaza es una calabacita es porque seguramente la cosecharon rápido para poder cobrar antes (aclaro que esto dista atrozmente de ser una verdad absoluta, es solo una generalidad). Eso se traduce en una calabaza menos sabrosa (pero entiendo que muchas veces un tremendo zapallón nos queda grande si no hacemos comida para la familia entera).
  5. Forma: mientras más cogotuda, mejor. El cogote es la parte menos fibrosa, ideal para hacerla al horno y que quede como un puré por dentro y crocante por fuera.

Para recordar, con las semillas que vengan, en dos cómodos pasos, se pueden hacer pipas de calabaza.